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Vindicación del Santiago Occidente. Gonzalo Cáceres Q.

Fuente: http://av.celarg.org.ve/PabloRivera/LuisaUlibarri.htm

Hacia fines de la década del ´60, una nueva expresión apareció en el habla de la ciudad de Santiago: casco histórico. Su uso precedió la implantación de un término que tendría mayor uso: Santiago poniente. Mientras Santiago poniente buscaba señalizar algunos barrios que las élites habían dejado después de migrar hacia el Este precordillerano, casco histórico evocaba una tradición de apariencia noble.

Santiago, una ciudad con un nombre muy común. A propósito del 25 de julio. Luciano Ojeda

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Cuando Pedro de Valdivia fundó la que sería la capital de Chile, a principios del año 1541, el nombre de Santiago ya resonaba profundamente entre los recién llegados “conquistadores”. La figura del Apóstol Santiago, Santiago Matamoros había, según creían las mesnadas hispanas, apoyado activamente la reconquista del territorio de la península y estaba presente en cada acción militar relevante, espada en mano, apoyando la “causa cristiana”, matando moros.

Con Yakarta en los muros. Gonzalo Cáceres y Rodrigo Millán

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Una bomba revienta en un Santiago cada vez más explosivo. Transcurre Abril de 1973 y aunque ninguna de las detonaciones precedentes había provocado muertes, los asesinatos llegarán cuando los objetivos escogidos sean equipamientos e infraestructuras.

Los estallidos, que Víctor Jara denunciaba en Las casitas del Barrio Alto (El derecho de vivir en Paz, 1971), eran suficientes como para que centenares de santiaguinos durmieran a sobresaltos. Bajo la violencia aleatoria con que los perpetradores buscaban salpicar la noche, los recintos afectados por los atentados engrosaban una extensa lista de blancos.

La Nochebuena en el Santiago de hace 100 años. Por Luciano Ojeda.

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En 1908 Luis Orrego Luco publicó su novela “Casa Grande” generando una larga polémica entre los sectores aristocráticos de la sociedad santiaguina. “La sociedad entera se sentía arrastrada por el vértigo del dinero, por la ansiedad de ser ricos pronto, al día siguiente. Las preocupaciones sentimentales, el amor, el ensueño, el deseo, desaparecían barridos por el viento positivo y frío de la voracidad y el sensualismo”, escribió Orrego Luco en un intento de justificar los temas de su novela y así aplacar un poco el escándalo de revelar lo que estaba oculto.