Iglesias y devociones fueron los protagonistas de abril

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En abril finalizó AULAB Turismo, laboratorio de gobierno que buscó “conectar a las instituciones de la educación superior con los desafíos relevantes del turismo en Chile”. Fuimos invitados a ser parte de este proceso como jurados, acompañando a los equipos participantes en las diferentes etapas de desarrollo de sus proyectos. Esta iniciativa tuvo su gran cierre el 11 y 12 de abril en la Plaza de la Constitución y el Palacio de La Moneda. El primer lugar fue para Lifetrack, el segundo Ciprés y el tercero Inclub.

El 18 de abril comenzamos nuestra participación como relatores en el taller “Juntos por el Patrimonio” organizado por la agrupación “Barrios sin Fronteras” en el Cowork Concha y Toro 42, la que se extendió por 4 sesiones. Con una gran convocatoria fue una excelente oportunidad de conversar y aprender sobre gestión del patrimonio a escala barrial y su sustentabilidad.

Planificando el recorrido por San Miguel para el Día del Patrimonio, el sábado 22 de abril tuvimos nuestra segunda jornada de trabajo con los vecinos de Defendamos San Miguel. Con ellos definimos la ruta y conversamos largamente sobre el enfoque que queríamos darle a nuestro primer recorrido codiseñado de la mano con una agrupación territorial. El Llano apareció entonces como el eje de la ruta, para relatar a partir de sus principales hitos el desarrollo de este sector, desde un espacio donde predominaban chacras rurales a una comuna céntrica y con alta demanda inmobiliaria.

Desde su lanzamiento en la Feria del Libro del 2015, “Santiago, siete recorridos a pie”, publicación realizada en conjunto con Planeta Sostenible, nos sigue llevando a diferentes escenarios a conversar sobre la capital y sus barrios.  El miércoles 26 de abril Magdalena von Holt conversó en Radio Duna con Polo Ramírez como invitada al programa “Aire Fresco” y el sábado 29 estuvimos en la Feria del Libro Plaza de Armas junto a Rocío Muñoz, conductora del programa radial “La Hora del Museo”, en un perfecto escenario para una hablar sobre Santiago, donde los paseantes iban sumándose a la conversación en medio del espacio público.

El último domingo del mes visitamos varias iglesias, capillas y templos católicos del centro de Santiago, para hablar de las “Devociones populares y de la arquitectura religiosa”.

Partimos frente a la iglesia de Santa Ana, en la esquina de San Martín y Catedral, para hablar de la antigua ermita que se levantó en los límites de la ciudad colonial, en 1576, y que estaba dedicada a la madre de la Virgen María. Contamos la historia de las sucesivas construcciones que fueron abatidas por los terremotos de 1647 y el de 1730 hasta llegar a la actual edificación que data de principio del siglo XIX. Esta construcción, cuya planta responde al modelo de la cruz latina, se caracteriza por su estilo neoclásico y en su fachada y torres hay pilastras y columnas dóricas, con algunos guiños barrocos. Históricamente, en la iglesia parroquial de Santa Ana se practicó la devoción a la Virgen del Carmen de Nuestra Señora de la Luz junto con las de Santa Ana, San Joaquín y San José. La más relevante, en todo caso, fue la devoción del Santísimo Sacramento para lo cual se creó una cofradía.

Luego nos encaminamos hasta la  Capilla de las Ánimas, en Teatinos entre Rosas y San Pablo, un pequeño templo de apenas 250 metros cuadrados que albergó hasta los años 50 a la Vicaría Castrense. Como su nombre lo indica, la principal devoción de la capilla son las almas del purgatorio y los fieles ser reúnen todos los lunes a rezar por ellas. La historia nos cuenta que estos templos fueron levantados en zonas aledañas a caminos y senderos, para que los viajeros tuvieran un espacio tranquilo para orar y para entregar una ofrenda a las almas de quienes ya no están. En este caso se ubicó cerca de los trenes de la entonces Estación Mapocho y del camino a Valparaíso que comenzaba en la calle San Pablo. El edificio data del año 1906 y sufrió importantes daños durante el terremoto de 2010 y se mantuvo cerrado hasta noviembre de 2016 en que finalizaron las obras de restauración.

La siguiente parada del recorrido fue el frontis de la Iglesia de Santo Domingo, en la esquina de las calles 21 de mayo y Santo Domingo. La construcción pertenece a la orden de los predicadores o dominicos, una orden mendicante que llegó tempranamente a Chile. La primera construcción fue levantada en 1557, y el terremoto de 1595 la destruyó por completo. Las edificaciones posteriores corrieron la misma suerte en 1647 y 1730, hasta que en 1747 se iniciaron las obras del actual templo. El cantero Juan de los Santos Vasconcellos estuvo a cargo de las obras, junto a Manuel Caballero y a un grupo de canteros portugueses contratados especialmente para trabajar las piedras del Cerro Blanco con que se erigió el templo. Entre 1775 y 1779 fue el mismísimo Joaquín Toesca quien se encargó de la obra, acabando las fachadas y los interiores. Él, con sus propias manos, entabló el cielo de la iglesia y mantuvo el diseño original del edificio, respetando la idea del proyecto inicial.

Hoy la Iglesia de Santo Domingo alberga al Santuario de Nuestra Señora del Rosario, más conocida como la Virgen de Pompeya, y a la Pastoral Familiar y Juvenil del centro de la ciudad. La Virgen del Rosario de Pompeya es venerada todos los jueves con rosarios y misas durante todo el día; y entre las imágenes destacadas al interior están algunas estatuas en hornacina de San Pío V, de Santa Catalina de Siena, de Santo Tomás de Aquino y de Santa Rosa de Lima, la primera santa de América. Otro santo que recibe muchos feligreses es San Martín de Porres, que es protector de barrenderos, empleados de farmacia y enfermeros, que suelen rezar frente a su imagen. Al también dominico San Alberto Magno, le rezan estudiantes de ciencias naturales, químicos farmacéuticos y médicos.

En la Basílica de La Merced, que se levanta imponente en la esquina sur oriente de la intersección de las calles Mac-Iver y Merced, se reciben regularmente mandas para Santa Rita o San Expedito. Este último -cuya imagen “oficial” está en la parroquia de la Santa Cruz, en Antonio Varas- es el más requerido por quienes exigen respuesta rápida a sus peticiones. Otro santo muy recurrido por los creyentes que asisten a la basílica es San Pedro de Armengol que intercede por los “niños problema”, que son rebeldes o malos alumnos.

La Orden de La Merced fue la primera congregación católica que llegó al territorio, junto al conquistador Pedro de Valdivia y fue el mismo quien encargó a los mercedarios el cuidado de la Virgen del Socorro, la primera imagen católica que llegó al país. En la basílica hoy se encuentra la segunda imagen religiosa más antigua del país, la Virgen de la Merced, traída a Chile por el Padre Antonio Correa en 1548. La actual iglesia de estilo neoclásico, es el tercer templo edificado en el lugar y su construcción se inició en 1735 bajo la dirección de Alonso Rojas y el Padre Alonso de Covarrubias, que la terminaron en 1760. Casi medio siglo más tarde, el arquitecto italiano Joaquín Toesca la intervino y se le atribuye el diseño del Altar Mayor.

En el interior de la iglesia se conservan varias obras de arte, como el Cristo de la Agonía o Santo Cristo de Burgos, de madera policromada realizada por el escultor español Martínez Montañés. También está ahí el púlpito dorado y policromo realizado en el siglo XVIII con un estilo barroco alemán.  En la torre izquierda se encuentra una enorme campana grabada con un carillón alemán, el primero de Santiago, inaugurado en 1928. La iglesia posee, además, el órgano más grande de Chile. El tango “El carillón de la Merced” de Le Pera y Santos Discépolo recuerda el paso de los compositores argentinos por esta ciudad.

La siguiente parada fue la Iglesia conocida como de San Agustín o Iglesia de los Agustinos y que oficialmente se llama Templo de Nuestra Señora de Gracia. Los agustinos abrieron en 1595 una pequeña iglesia con una puerta que daba a la actual calle San Antonio con la calle de Moneda, pero en diciembre de ese año, desconocidos prendieron fuego a la iglesia, quedando totalmente destruida, solo quedó un lienzo de San Agustín. En 1601 los agustinos compraron el solar donde hoy está emplazada la iglesia, con puerta a la calle más importante de la ciudad, la actual Estado, esquina de Agustinas, y comenzaron las obras del actual templo que comenzaron en 1608. El “Terremoto Magno” de 1647 destruyó la construcción que estaba cerca de finalizar y sólo se salvó una escultura tallada en madera, el Señor de la Agonía, más conocida como el Cristo de Mayo, cuya corona de espinas bajó hasta el cuello, quedando la figura intacta. Esta escultura se conserva hasta hoy en el ala norte del templo y causó tal impresión en Catalina de Los Ríos y Lisperger, La Quintrala, que solicitó ser enterrada en esa iglesia y donó importantes sumas de dinero que permitieron reconstruirla. El terremoto de 1730 volvió a dañar seriamente el templo, lo que obligó a restaurarla. Esta iglesia fue una de las más frecuentadas en el período colonial y hoy constituye un tradicional lugar de culto.

En su interior presenta tres naves paralelas, separadas por gruesas columnas que sostienen arcos de medio punto. La nave principal está separada por un arco toral que conforma el presbiterio y el coro. Ese espacio es de inspiración colonial, pero en las transformaciones ejecutadas en la fachada y en las torres, se impuso lo neoclásico. La principal devoción de este templo son Santa Rita de Casia y el Cristo de Mayo. Santa Rita es considerada “abogada de lo imposible” y cientos de personas acuden a ella diariamente para que interceda por el favor divino. El Cristo de Mayo, tal vez la única imagen religiosa que salvó indemne durante el terremoto de 1647, fue sacado en procesión la misma noche del 13 de mayo y la que hoy constituye una de las tradiciones más antiguas de la ciudad.

La última parada del recorrido fue la Parroquia de las Agustinas, en la calle Moneda entre Ahumada y Bandera. Esta iglesia tiene su origen en el Convento de las Monjas Agustinas, o Monjas de Santiago, cuyo nombre oficial es Monasterio de la Limpia Concepción de nuestra Virgen María y que se levantó en 1554 para albergar a las viudas e hijas de los conquistadores españoles caídos en la Guerra de Arauco. El convento, el primero de mujeres en Chile, ocupó durante tres siglos las dos manzanas que están entre Alameda y Agustinas y entre Ahumada y Bandera, en pleno centro de la ciudad. La primera iglesia se construyó en 1583 con aportes del Cabildo en la esquina norte del convento, Ahumada y la calle que comenzó a ser conocida hasta hoy como la calle de las Agustinas.

Como todas las grandes edificaciones de Santiago, la iglesia fue destruida por los terremotos de 1647 y 1730, y posteriormente fue trasladada a calle Moneda donde se construyó 1857 en base de los planos del arquitecto italiano Eusebio Celli, quien se inspiró en la basílica de San Pablo de Roma. Es una construcción de estilo neoclásico, cuya fachada está hecha en piedra y en el acceso sobresale una escalinata de piedra rosada. El frontis tiene cuatro altas columnas dóricas de piedra y sobre ellas un gran triángulo decorado. Tiene dos torres de estilo corintio, coronadas por otras iguales más pequeñas, que son obra de Fermín Vivaceta.


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