La discusión sobre lo “popular” en el diseño de la ruta “Valparaíso Popular”

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A partir de la licitación pública Estudio y diseño de ruta patrimonial popular de la ciudad de Valparaíso del Ministerio de Bienes Nacionales adjudicada por Cultura Mapocho, con la colaboración de PCP Consultores Asociados en el levantamiento participativo y Letra Capital en el diseño de la guía, realizamos entre los meses de agosto y diciembre de 2015 un proceso de diagnóstico, propuesta de trazado y construcción de guiones para el programa de “Rutas Patrimoniales” del Ministerio de Bienes Nacionales. Todo ello en miras de la publicación final de la que es la Ruta Nº 66 “Valparaíso Popular” (disponible en versión descargable), la cual se lanzó en Valparaíso el 1 de junio de 2016, con un paseo en trolebús hasta la Plaza Victoria encabezado por el ministro de Bienes Nacionales, Víctor Osorio.

Así, este largo proceso contempló cuatro etapas, desde la planificación a la sistematización de información territorial de la ruta, pasando por un momento de diagnóstico y propuesta preliminar de recorrido y levantamiento de puntos de interés, los que se cotejaron en distintas ocasiones con representantes de distintas organizaciones de la sociedad civil de la comuna y expertos, que nos acompañaron y validaron todo el proceso.

Es sobre este primer momento de planificación donde debimos concentrarnos de manera más profunda, ciertamente, en torno a lo que definiríamos como “popular”, pues si bien el mandante parecía tener bastante claro a lo que esta palabra refería, ciertamente su polisemia puede tender a confusiones, y sobre todo, a contradicciones. Y es que ¿es lo popular lo contrario a lo hegemónico, o al contrario, dada su masividad, se vuelve hegemónico, mas no docto? ¿Qué es más popular, la lira de Violeta Parra o de Maluma?

Ante ello, debimos entonces aunar ciertos criterios, de manera de no dejar de lado la discusión y caer en los sentidos comunes acerca de lo considerado “popular” en Valparaíso. Siguiendo entonces la reflexión de Claudio Lobeto[1], podemos afirmar que hay tres modos de aproximación al tema:

- Una que identifica la “cultura popular” con la cultura de masas, que, expuesta en los medios masivos y haciendo énfasis en su alcance o cobertura en la distribución y circulación de los productos culturales, ha centrado su relevancia en la masividad de determinados bienes simbólicos.

Aquí la cultura popular es entendida como aquellas acciones realizadas con independencia del sujeto social interviniente, priorizándose el rol difusor de los medios masivos de comunicación en detrimento del agente productor, quien asiste en forma pasiva a la construcción de fenómenos denominados como “populares”. Al considerarla así adquiere centralidad el rol de las industrias culturales y el sector privado en la masificación de ciertos productos a los cuales se les cambia las significaciones y los sentidos iniciales. Se trata de lo “popular” entendido como masivo en el mercado y eventualmente vaciado de su contenido. Es la clásica visión de lo popular que tienen y aplican las industrias y políticas culturales.

- Una segunda perspectiva, proveniente de la definición original, considera como manifestaciones populares solo a aquellas prácticas que partiendo de clases sociales subalternas, condensan un sentido capaz de “resistir y enfrentar” a la cultura oficial o hegemónica, acentuando la capacidad de éstas de poder deslegitimar el orden simbólico vigente. Esta corriente se constituyó en el llamado “arte comprometido con el pueblo” en abierta oposición a las nociones clásicas del “arte por el arte”, que fue acusada de servir los intereses de las clases hegemónicas. La perspectiva no llegó a criticar aquellos componentes culturales que si bien parten de los sectores subalternos, reproducen formas culturales dominantes sin llegar siquiera a cuestionarlas.

- Una tercera vertiente es aquella en que lo popular está dado por los contenidos temáticos exclusivamente. Posición asumida por los “folkloristas” y en general para quienes lo prioritario se sitúa entre la ritualización del pasado, bajo las diversas formas de las artesanías, las fiestas, las prácticas comunitarias y otras manifestaciones supuestamente “tradicionales”; y la cosificación y mistificación del producto cultural, obviando el contexto de esos productos así como a los sujetos productores, como meros cambios que se suceden en las instancias de circulación y recepción de una acción cultural.

Estas tres aproximaciones, a la luz de la complejización social, resultan insuficientes por sí solas. Por ello, decidimos construir una aproximación de la “cultural popular” como un ejercicio de síntesis de ellas. Es la actual, una cultura popular que lleva marcas o huellas de las reivindicaciones sectoriales, pero reproductora de modelos económicos sociales vigentes. De orígenes campesinos o rurales, pero asentadas en enormes megalópolis. Cultura que reproduce iconografías del arte culto pero incorpora imágenes tradicionales y folklóricas. Originada en tradiciones populares pero resemantizadas y apropiadas con otros fines por la industria cultural, los medios masivos y las nuevas tecnologías.

Esta mixtura de fenómenos entrecruzados lleva a otra cuestión y es la referente a cuál es el espacio que permita aprehender la cultura popular en toda su dimensión, o por lo menos gran parte. La respuesta analítica para nosotros fue centrar el análisis en los grupos y movimientos sociales como agentes que cada vez más reconstruyen el espacio de lo público y producen manifestaciones culturales en lo que lo popular de una u otra forma, es inherente a estos movimientos.

Será entonces, una cultura representativa de un agente social no dominante, no hegemónico, ya sea desde su trayectoria histórica, o a partir de su uso social presente. Contendrá así elementos del folklore en tanto resignificado sigue representando la identidad de grupos subalternos, excluidos, o simplemente, no a cargo de “la moda”; pero será también reconocida, esta cultura popular, más allá de una mirada costumbrista, en los usos y creaciones culturales presentes, masivos, pero apropiados por una comunidad que opera en ella un quehacer tribal, contracultural, alternativo.

Es así que en la guía que podrán tener en sus manos o computadoras, encontrarán el resultado de esta reflexión crítica, realizada como equipo, y no sólo un “collage” de espacios en medio del entramado urbano de la ciudad de Valparaíso. Se encontrarán entonces, en el marco de esta definición de “popular”, con las Ferias de la Avenida Argentina, la plaza de la Matriz, el edificio de la Unión Obrera, Las Torpederas, el Mercado Puerto, el Bar Roma y las quintas de recreo, entre otras, así como referencias a la Chorrillana y el “habla porteña”. Todo ello dividido en 4 ámbitos o zonas de la ciudad a recorrer, con su propia identidad y características especiales.


[1] “Cultura popular: hacia una redefinición”: Claudio Lobeto, en Román Reyes (Dir): Diccionario Crítico de Ciencias Sociales.


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