“Ramalinos Maulinos” por Annette García

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La aparición del ferrocarril fue una revolución a nivel mundial. En Chile, tanto el Estado como empresas privadas se encargaron de la construcción de vías que conectaron los principales puertos con las ciudades interiores. De las vías principales se desprendieron otras más pequeñas para llegar a los valles interiores, y los ramales, se multiplicaron por todo el país otorgándole a localidades pobres y asiladas, la oportunidad de conectarse con el resto del territorio nacional.

Es cierto que la construcción de vías férreas originalmente tenía el propósito de impulsar el transporte de carga, también existió todo un proyecto a nivel nacional, para la movilización de pasajeros y el desarrollo de la actividad turística impulsado directamente por Ferrocarriles del Estado que subsidió durante muchos años el desarrollo de una oferta turística de bajo costo.

Muchos deben recordar con cariño los viajes en tren durante las vacaciones de verano. Cuando se preparaba el viaje con semanas de anticipación y se cargaban los bolsos comida para los niños, la misma que siempre se comían apenas subían al tren; y toda la familia vestía sus mejores trajes para hacer el recorrido a la playa, el destino preferido por las familias de todas las clases sociales.

El tren llegó a tener tal importancia, que era posible recorrer el país de punta a cabo en él, y por supuesto, también cruzar las fronteras para viajar a países vecinos ¡El tren era la expresión de la libertad! ¡Recuerden la emoción que se sentía cuando el tren por fin pitaba para indicar el inicio del viaje!

Sin embargo, aparecieron las carreteras y la posibilidad de recorrer grandes distancias en menor tiempo, el automóvil desplazó lentamente al tren y aparecieron nuevas necesidades. El hombre moderno vive rápido y requiere eficiencia haciendo que esos viajes desaparecieran casi por completo en apenas un par de años.

Hoy, algunas iniciativas han rescatado el viaje en tren desde la nostalgia, como una inciativa turística que recrea esos viajes al pasado. Sin embargo, éste no es un viaje a la nostalgia y el recuerdo, sino al presente; un presente muy vivo, sin recreaciones. Existieron variados intentos por darle fin al Ramal, sobre todo, porque no es económicamente rentable. Si tomanel tren en servicio regular podrás notar que existe un pasaje diferenciado para los vecinos cuyos viajes son subsidiados por el Estado dando cuenta de un problema de auto sustentabilidad.

Los vecinos lucharon por mantener el ramal, el último en su tipo, debido a que es, en muchas ocasiones, el único medio de conexión que tienen con las grandes ciudades. De hecho, el terremoto del 27 de febrero de 2010 dejó el ramal completamente inoperativo, sin embargo, el esfuerzo conjunto de los vecinos y las autoridades consiguió ponerlo en funcionamiento nuevamente.

Muchos dicen que viajar en el Ramal es experimentar el Realismo Mágico que abunda en las novelas de García Márquez o Isabel Allende, como si algo hubiera detenido el tiempo a lo largo de las líneas y el pitar del tren fuese sólo un eco de ese pasado

Si hay algo de maravilloso con respecto al ramal, es que hoy los vecinos han olvidado casi por completo el pasado navegable del río, no porque su historia sea poco relevante, sino porque han hecho del tren parte de su vida.

Hay algo único y particular en este viaje, que no está dado únicamente por lo pintoresco del tren, sino que por la capacidad de las comunidades para ser una sola, pues pese a que cada uno de ellos proviene de una localidad distinta, podemos descubrir identidad común. No importa si eres de Corinto, Pichamán o Maquehua, todos son ramalinos maulinos y ese ramal es la columna vertebral que los une.

Durante el tiempo de las cosechas, los pequeños y medianos productores agrícolas contratan un tren de carga y dividen los vagones de acuerdo a la capacidad de cosecha que tiene cada familia, así, el tren reafirma ese sentido de comunidad y le dan un sentido único a los paisajes naturales que toman cuerpo y forma cuando notamos el componente humano.

En la literatura existe algo que se conoce como viaje del héroe, que es el proceso de maduración que tiene un personaje que sale de su casa en búsqueda de aventuras. En cierta medida, el viaje en el buscarril nos cambia la vida, es una experiencia única en la que podemos compartir con otras personas, conocer estilos de vida diferentes y empatizar con otros. Estamos seguros que al final de este viaje tu héroe interior habrá cambiado para siempre, porque el viaje por el ramal es algo imposible de olvidar.


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5 comentarios para ““Ramalinos Maulinos” por Annette García”

  1. Liliana Hernández dijo:

    El buscarril sale dos veces al día de Talca y Constitución, ¡todos los días del año!, a menos que por motivos de fuerza mayor (derrumbes, problemas técnicos, etc), le impida llegar a destino. Durante el verano aumenta mucho el público, sobre todo los fines de semana, por lo que recomiendo hacer el viaje fuera del ajetreo veraniego para poder tener una mejor visión del entorno, comenzarlo en Talca, porque, además de ver la rutina de la gente local, se disfruta mejor de los cerros, bosques y el río Maule, paisaje que se va develando a medida que avanzan las estaciones de la ruta hasta llegar a Constitución.
    Gracias por la nota y que ¡el ramal no muera nunca!.

  2. Alejandra Bravo dijo:

    Gracias Annette por tan lindo homenaje al ramal maulino. Y muy bueno el aporte de Liliana. Es uno de los paseos que haré algún día.
    Gracias a ambas.

  3. Felicitaciones por el artículo Annete , yo conocí sobre el Ramal por Liliana Hernandez una amiga patrimonial. Viajé en el ramal y fue inolvidable la experiencia, lo repetiría muchas veces

  4. Malu Ortega dijo:

    Que bueno recordar la vida de los ramales. Me encantaría realizar este viaje. Siempre existe algo que me lo impide…viví lo que era el ramal de Chillán a Dichato. Inolvidable.

    Felicitaciones por mantener viva la memoria.

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